Literatura

Real World, de Natsuo Kirino: los mundos aislados de la adolescencia

De Natsuo Kirino la novela más conocida fuera de Japón es Out, publicada en 1997 y traducida ahora incluso al español directamente del japonés. Cualquiera que la haya leído seguramente sea incapaz de olvidar el impacto que le causó, pues nos topamos con una realidad cruel, donde las protagonistas, todas mujeres, se salen de la dimensión que la sociedad ha preparado cuidadosamente para ellas. Pero estas mujeres al margen de la realidad no son las únicas en la obra de Kirino. Cinco años después de Out, en 2003, se publicó Real World, una novela más corta donde las protagonistas son unas adolescentes del último año de instituto. Hay muchas cosas en Real World que recuerdan a Out por eso de hacer de la violencia la fuente del cataclismo que sufren los personajes, pero no es necesario hacer una comparación entre ambas —aunque sería muy interesante—, porque Real World se sostiene por sí misma como una pesada roca en la profundidad de un lago de aguas aparentemente tranquilas, pero bajo esas aguas hay corrientes heladas y fuertes que agitan a los seres que viven en el lago. Y cuanto más profundo vivan, más fuerte será la embestida de la corriente que deban soportar, agarrándose a esa roca o soltándose para siempre.

La novela se sitúa a inicios del siglo XXI. Aunque no sabemos en qué año concreto, se puede deducir por los dispositivos tecnológicos que se mencionan. Los primeros años de los 2000 dieron comienzo a la segunda década perdida en Japón, que no fue otra cosa que el estancamiento económico como resultado del estallido —a inicios de los 90— de la tremenda burbuja financiera e inmobiliaria que se había ido formando en Japón durante la década de los 80, más desde mediados. Kirino sitúa a cinco adolescentes —cuatro chicas y un chico—, que transitan una de las épocas más transformadoras de su vida, en unos años en los que el Japón del (mal llamado) milagro económico es tan solo un fantasma que lucha por permanecer en la mansión y seguir persiguiendo a sus moradores. Estas adolescentes, al igual que el país, sufren una transformación, en parte condicionada precisamente por el propio cambio del país.

Las protagonistas se sienten totalmente desconectadas de los adultos que las rodean, sobre todo de sus progenitores. Pero, no solo eso, también están desconectadas entre ellas, entre su pequeño grupo de amigas, donde se supone que deberían contar con un espacio seguro para ser capaces de mostrarse tal cual son. Sin embargo, a lo largo de la narración de los capítulos —siempre desde el punto de vista de cada una—, se nos hace partícipes de la verdadera naturaleza de cada una de ellas y de sus reflexiones sobre la soledad que sienten; más concretamente, Kirino usa siempre el concepto de «mundo» o «realidad» para diferenciar cada una de las esferas donde las protagonistas se encuentran prácticamente encerradas y semiaisladas. Sin entrar en detalles para no espoilear a nadie, diré que hablan de temas como la identidad sexual; la presión de los padres por el éxito académico; la sensación de no encajar en ninguno de los pequeños mundos adolescentes preestablecidos; el agobio que supone —como chica adolescente— ser el objetivo de venta de todo tipo de servicios y productos; el tambaleo de la familia nuclear o la sensación de no sentirse protegidas por unos adultos que ignoran por completo las amenazas y miedos a las que se enfrentan a diario. Lo que hace que estos mundos cerrados y caóticos colapsen es la figura de Gusano —el quinto protagonista de la novela—, que es el detonante que hará que las realidades de estas cuatro chicas tiemblen, aunque no haga que se abran a las realidades de las otras, más bien transforma esos mundos.

¿Cuál es entonces el «mundo real» con el que Kirino titula la novela? La realidad es que no hay un único mundo real. Cada una de las protagonistas habita en uno que para ella es real, y eso no hace menos reales los demás. Acaso a ellas les pueda parecer más real el mundo de Gusano por la violencia extrema que contiene, pues la violencia explícita, sin lugar a duda, es muy real. Y esa violencia lo expulsa del mundo en el que estaba para lanzarlo directamente a otro. Ellas —en realidad todas menos una—, en su momento de crisis existencial, ven la acción de Gusano casi como un gesto heroico, pues ha tomado, aparentemente, las riendas de su vida, ha ejecutado su deseo, ha cambiado su realidad.

En definitiva, Real World es otra muestra excepcional de la capacidad que tiene Natsuo Kirino de poner sobre la mesa problemáticas sociales, pues levanta una alfombra que lleva años guardando suciedad bajo ella, pero eso no hace desaparecer la suciedad, simplemente no se ve. Además, lo hace, como siempre, con un manejo de la narración impecable, de tal forma que es casi imposible no leerse el libro del tirón. Kirino consigue que crees un vínculo emocional con sus protagonistas, que te identifiques más con alguna de ellas, pues son las cuatro muy diferentes entre sí aunque compartan esa soledad de sus mundos, si es que la soledad es algo que se puede compartir. Describe la angustia adolescente de manera tan brillante que es imposible no volver a entrar a ese mundo que hace un tiempo habitaste.

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