Cine

Little Miss Sumo: la niña que quería ser profesional

Entre el extensísimo catálogo de Netflix, oculto tras las producciones más publicitadas y deslumbrantes, encontramos un documental muy pequeñito en cuanto a duración pero cuyo contenido es inmenso. Little Miss Sumo nos presenta en tan solo 18 minutos —que se hacen cortos— el punto de vista de una luchadora de sumo amateur, Hiyori Kon. Pero no es amateur porque el sumo sea una simple afición que practica en sus ratos libres, es amateur porque a día de hoy las luchadoras de sumo no pueden ser profesionales. Por lo tanto, pueden participar en torneos amateurs organizados por la Federación Internacional de Sumo, al margen de la Asociación de Sumo de Japón, la encargada de organizar todo lo relacionado con el sumo profesional. De hecho, en el documental asistimos a la participación de Hiyori Kon, junto a sus compañeras, al Campeonato Mundial de Sumo que se celebró en Taiwán en 2018.

Pero ¿de dónde viene este veto tan estricto y discriminatorio? Básicamente, lo que impide que las mujeres puedan ser profesionales es la prohibición —que comenzó durante el periodo Edo— de que entren al dohyō, el ring donde tienen lugar los combates. Esta prohibición deriva del sintoísmo, la religión autóctona de Japón y que considera la sangre como impura por estar relacionada con la muerte. A las mujeres, al menstruar, no se las consideraba dignas de entrar en un lugar sagrado como es el dohyō. En la actualidad, la Asociación de Sumo de Japón niega que ese sea el motivo por el que las mujeres no puedan ser luchadoras profesionales, excusándose simplemente en la tradición y la costumbre, pilares que considera inamovibles para la continuación del sumo como se ha conocido durante siglos.

Sin embargo, que no sean profesionales no impide que no haya habido luchadoras de sumo desde el anteriormente mencionado periodo Edo. Aunque durante esa época eran más bien una atracción dirigida a los hombres por el hecho de ver a mujeres pelear con poco ropa. Además, el sumo, que como ya se ha mencionado está directamente relacionado con el sintoísmo, jugaba un papel muy importante en los rituales de dicha religión, donde también estaban incluidas las mujeres en algunas regiones de Japón.

Regresando al presente, desde hace un par de años la polémica sobre si debe levantarse el veto a las mujeres en el sumo profesional está más presente que nunca. No son pocas las voces que se alzan desde Japón pidiendo un cambio. Entre ellas se encuentra, Hiyori Kon, natural de la prefectura Aomori, muy ligada al sumo. En este breve documental nos cuenta cómo empezó a practicar sumo en el colegio, cuando no había ninguna luchadora profesional con la que poder sentirse identificada. La mayoría de las niñas que practican sumo durante el colegio suelen dejarlo al terminar, pero Hiyori Kon continuó. Y, preocupada por el hecho de no ser tratada en igualdad de condiciones, realizó un curso sobre estudios de género que la llevó a replantearse la situación de la mujer en la sociedad japonesa. 

Al debatir sobre este tema no podemos dejarnos llevar por el simple y fácil orientalismo. Es necesario recordar que el sumo está fuertemente ligado a la religión —durante los combates se llevan a cabo varios rituales— y que el sintoísmo no es ni mucho menos la única religión con actitudes discriminatorias hacia la mujer. Pero tampoco debemos por eso cerrar los ojos ante un problema que las propias mujeres japonesas ya han empezado a denunciar. Por eso, producciones como Little Miss Sumo no deben pasar desapercibidas, pues pueden ser las llaves que abran la puerta que ayude a las luchadoras de sumo a iniciar un camino digno, el que merecen, hasta el dohyō.

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