Manga

Los sentimientos de Miyoko [Shin’ichi Abe] en Asagaya

Con la publicación en español de Los sentimientos de Miyoko en Asagaya se nos abre la puerta al mundo interior que es la obra de Shin’ichi Abe; un mundo turbulento ya desde su juventud que vemos reflejado en esta recopilación de diez relatos que se inicia con el que da nombre a la misma.

Para llegar a comprender mejor las historias de Abe que encontramos en esta recopilación es importante conocer su trayectoria vital, ya que su obra se circunscribe en el manga del yo (watakushi manga), heredero directo de la novela del yo (watakushi shōsetsu). Pero ¿a qué hace referencia este término? La novela del yo surgió a principios del siglo XX, en plena Restauración Meiji. Era una época en la que Japón comenzaba a recibir una fuerte influencia externa. Esta influencia se vio reflejada, por supuesto, en la literatura, que empezó a empaparse del movimiento naturalista. Se creo así un género donde autores escribían en primera persona, fundiéndose frecuentemente autor y narrador; exponiendo de forma directa e indirecta divagaciones sobre el cambio que estaba teniendo lugar en el país y por lo tanto en el mundo interior de sus ciudadanos. Una narrativa sin argumento aparente. El watakushi manga no es otra cosa que una traslación de ese género literario al manga.

Uno de los exponentes de este género literario fue Osamu Dazai, que está relacionado de forma indirecta con Abe porque ambos fueron residentes de Asagaya, un barrio de Tokio que tras el terremoto de Kanto (1923) acogió a un gran número de escritores y artistas por ser una zona asequible para vivir en aquellos años. Abe se traslada desde su ciudad natal, Tagawa, al barrio tokiota en 1970, con solo 20 años, acompañado por la que entonces todavía era su novia, Miyoko. Ve su primera obra publicada en la revista Garo, con la que colaborará de forma frecuente a partir de entonces. La revista Garo se especializaba en publicar gekiga, un término inventado por Yoshihiro Tatsumi en un intento de diferenciar los mangas más populares y dirigidos a un público infantil y juvenil de las obras más adultas y personales; el underground del manga. 

Cada historia contiene una parte autobiográfica, como podría denominarse a toda su obra hasta ahora, que por algo se incluye dentro del watakushi manga, en el que empezó a interesarse por autores como Yoshiharu Tsuge, al que curiosamente terminó influenciando. A pesar de que el título del recopilatorio hace referencia a un único relato, contiene dos ideas presentes en prácticamente cada uno de ellos: Asagaya y Miyoko. Un lugar y una persona que funcionan como gasolina para su arte, pues, en primer y última instancia, lo que hacía Abe era reflejar en el papel sus frustraciones como dibujante de manga y como compañero sentimental, primero como novio y después como marido, de Miyoko.  En prácticamente cada historia Miyoko está presente, ya sea solitaria en el cubículo donde vive, mientras se pregunta cuándo regresará su novio, o cuando vuelve a su ciudad natal, la misma que la de Abe, tras romper con su novio. Pero aunque Miyoko —Miyo para los amigos— no esté en escena, acaba siendo un ente omnipresente en las conversaciones de bar que su novio mantiene frecuentemente con algún amigo. 

Por su parte, Asagaya será el microcosmos donde Abe y Miyoko se instalen a su llegada a la gran urbe. Es en este barrio precisamente donde nace la idea de un manga protagonizado por Miyoko. Y es aquí donde comenzaría su afición por el alcohol, ya que su rutina nocturna consistía en salir a beber con compañeros de profesión. La adicción al alcohol aparece también de forma frecuente en sus historias, al igual que una Miyoko hastiada de que aparezca cada noche borracho y protagonice escenas tan duras como una violación. Pero Asagaya está cambiando, lo dicen sus personajes; se está volviendo triste, un estado emocional que acompaña a cada relato. Como si esa tristeza hubiese contagiado a sus habitantes o como si hubiesen sido los propios habitantes los que hubiesen impregnado de esa emoción a un barrio antes palpitante de vida y alegría.

Abe y Myoko eran, al fin y al cabo, extraños en esa gran ciudad muy alejada de su hogar, un lugar de apenas unos 50 000 habitantes que ni siquiera se encontraba en la misma isla que Tokio. Es por esto que en boca de los personajes aparece en más de una ocasión el interrogante de si su interlocutor va a regresar a casa. Existe esa conexión irrompible de los que han dejado su ciudad natal. Se percibe hasta cierta nostalgia al hacer que dos de sus personajes (el que claramente es él mismo y Miyoko) regresen a su casa en momentos de crisis que se les antojan irreparables; como haciendo patente que siempre tendrán un lugar al que huir y que, a su vez, jamás podrán huir de la ciudad donde se criaron. Precisamente Abe y Miyoko terminaron volviendo a su ciudad natal, desde donde ha seguido dibujando siempre que los delirios producidos por su esquizofrenia paranoide se lo han permitido.

Los sentimientos de Miyoko en Asagaya es una buena forma de empezar a conocer la obra de Abe, precisamente por el principio; de adentrarnos en lo que él presupone que son los sentimientos de Miyoko, pero que son más bien sus propios sentimientos.

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